Followers

sábado, diciembre 08, 2012

Hay días en los que no quieres quedarte en el calor de tu casa. Que prefieres coger tu música, unas deportivas y correr. Correr sin rumbo, sin contar cuanto tiempo estás corriendo, sin una meta. Correr para intentar despejar tu mente. Para olvidar tu día. Para dejar atrás tus problemas, aunque sea mientras corres en la calle iluminada por las farolas y húmeda por la lluvia de unas horas antes.
Te da igual cansarte, sigues corriendo. Tienes tanto guardado.. Tantas lágrimas, tantos gritos... Que no quieres parar. Te pones la música que más te motive, te centras en desahogarte, en agotar tus fuerzas a cada zancada que das.
Hay gente que dice que correr es de cobardes. Sí, parece que huyes de tus problemas. Pero solamente huyes por un momento. Cuando dejas de sentir el frío, cuando solamente oyes tus pisadas fuertes contra el asfalto. Cuando notas tu aliento, el aire frío entrando por tu boca y el vaho que sale al expulsarlo. Parece que toda esa tristeza, ese cabreo, se van quedando atrás, te vas alejando y por un momento, no vuelven.
Sabes que luego a la vuelta te vas a volver a enfrentar a ellos. Que vas a volver a llorar, a sentir ese dolor en el pecho y esa rabia acumulada. Pero por lo menos, eres capaz de huir por un momento de tu realidad.



No hay comentarios: